Para Mujeres

Edificadas en la Oracion – Programa

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Introducción

Toda mujer que ama al Señor desea orar. La oración es la actividad más sublime que es capaz de realizar el espíritu humano porque a través de la oración:

  • Adoramos a Dios
  • Honramos el carácter de Dios
  • Llevamos nuestras necesidades a él
  • Y disfrutamos de la plenitud que se produce cuando tenemos comunión con el Dios del universo.

Hablar de la oración es sencillo, pero entrar de lleno, de todo corazón en la senda de la oración y hacer que el deseo de orar se convierta en realidad, exige disciplina.

Imaginemos las transformaciones que podrían ocurrir en nuestros corazones si cada día pasáramos tiempo, o más tiempo, acercándonos a Dios a través de su Palabra. ¡Sería un tiempo dedicado a algo de valor eterno que cambia la vida!

Acercarnos a nuestro Dios quien es santo, además de ser un gozo y un privilegio, es algo asombros y sobrecogedor. Sin embargo, eso representa un desafío de encontrar y separar el tiempo, de buscar y hacer los arreglos para estar a solas y enfocar los esfuerzos en la comunión con Dios. Eso para algunas mujeres puede representar una batalla.

Hoy tenemos ante nosotras un gran desafío: Iniciar este año con el deseo de ser mujeres de oración, pase lo que pase.  Si queremos crecer espiritualmente necesitamos embarcarnos juntas en un viaje para aprender más acerca de la oración. De hoy en adelante procuremos vivir “de rodillas”.

Una cosa es orar y otra es ser mujeres de oración. Posiblemente la mayoría de nosotras está acostumbrada a hacer sus oraciones regulares donde le pedimos a Dios bendición para nosotras y para los miembros de nuestra familia, pero lo que deseamos hacer hoy es algo diferente. Es enfatizar que la vida cristiana como Dios lo dice en su Palabra no se puede llevar a menos que estemos en constante oración. Si no hemos practicado la oración desde esa perspectiva y hoy sentimos que esta actividad ha sido planificada no para entretenernos socialmente sino para hacernos una llamado espiritual a la oración, entonces quiero pedirte que cierres tus ojos y tomes unos minutos para derramar el deseo de tu corazón al Padre Celestial para que te puedas convertir en una mujer de oración. Dile cuánto lo amas y cuánto anhelas responder a su llamado a transformarte y ser una mujer de oración.

(Dar unos minutos para orar en silencio y luego hacer una oración pidiendo ayuda Divina).

Parte II Razones por las cuales no oramos con más frecuencia

  1. E. Cowman dijo: “Ninguna mujer que ora logra tanto con tan escasa inversión de tiempo como cuando ora”. Ante esta gran realidad la pregunta es ¿por qué muchas de las cosas que son importantes para nosotras las mujeres son difíciles de comenzar?

Quizás la cosa más importante y para la que debiéramos ocuparnos como mujeres de Dios es incluir en las actividades de nuestro día la oración.  Estoy segura que te habrás dado cuenta que no importa lo difícil que es ocuparse de las tareas regulares de la casa, o de las responsabilidades del trabajo al que nos dedicamos nada es más difícil que dedicarnos a cumplir con la más importante disciplina espiritual; ORAR.

Si una mujer no es cuidadosa, se pasará todo el día  y toda la noche haciendo las tareas más sencillas, las menos importantes, las secundarias o triviales, para postergar la tarea más difícil aunque la más gratificante de todas que es ORAR.

Uno de los factores más comunes que nos alejan de la oración es la MUNDANALIDAD. Vivimos en el mundo y el mundo nos afecta más de lo que nos damos cuenta. No hay nada en el mundo que nos aliente a orar. En su lugar, nos bombardean con todo lo que hay en el mundo. Leamos 1 Juan 2:16. Ninguna voz en el mundo nos dice que cuidemos las cosas espirituales. Sin embargo, la oración y el orar nos dan cierta inmunidad contra el mundo. Cuando nos levantamos temprano y hacemos de la oración una prioridad y dedicamos tiempo a buscar a Dios mediante su Palabra y la oración, se enciende en nosotras una pasión por Él. El tiempo dedicado a responder al llamado de Dios a orar hace que todo apunte hacia arriba, nuestros pensamientos, nuestras preocupaciones, nuestros deseos todo se transforma en algo noble cuando dedicamos tiempo a elevar el corazón al cielo a través de la oración.

Por lo tanto  cuidémonos del mundo. Resistamos el dominio que el mundo quiere tener sobre nuestro corazón velando en oración.

Debiéramos hacer de nosotras la oración matutina que tanto hemos escuchado del libro El Camino a Cristo.

“Conságrate a Dios todas las mañanas. Haz de esto tu primera actividad. Sea tu oración: “Tómame, oh Señor, como tuya. Pongo todos mis planes a tus pies. Úsame hoy en tu servicio. Mora conmigo, y sea toda mi obra hecha en ti.

Éste es un asunto diario. Conságrate a Dios cada mañana para ese día. Sométele todos tus planes, para ponerlos en práctica o abandonarlos, según te lo vaya indicando su providencia. Podrás así poner cada día tu vida en las manos de Dios, y así será cada vez más semejante a la de Cristo”. CC.72

(Pedir a todas las hermanas que busquen esa cita en su libro y la subrayen).

Parte III  Las Ocupaciones

Otra razón por la que no oramos es que sencillamente no nos tomamos el tiempo para hacerlo. Y en general la culpa la tienen las ocupaciones. Todas las mujeres cristianas son activas y así debe ser. La Biblia nos enseña que debemos tener una ética de trabajo y eso demuestra madurez de carácter. Pero, ¿qué podemos hacer como mujeres ocupadas en cuanto a la realidad de tener tantas ocupaciones y tensiones que ocupan el lugar de nuestras necesidades y deseo de ser una mujer de oración?

La historia bíblica que encontramos en Lucas 10: 38-42 nos recuerda una gran lección. (Leer la historia de la Biblia). Estas dos hermanas recibieron a Jesús y sus discípulos en su casa y sus actitudes nos revelan el orden de prioridades que debe existir en nuestra vida. Las cosas espirituales deben ser más importantes que las cosas cotidianas. Esta historia nos demuestra que existe una necesidad en la vida de cada mujer de distinguir cada día el orden de prioridades entre estas dos clases de obligaciones.

Es evidente que ambas hermanas amaban a Jesús. Y es obvio que ambas lo servían. Sin embargo, María sabía cuándo debía dejar sus ocupaciones para hacer lo mejor; pasar tiempo con Jesús.

Tú y yo querida hermana, debemos hacer lo mismo. Necesitamos aprender a detenernos en medio de las muchas tareas y dejar todas las ocupaciones y ORAR. Una mujer que está demasiado ocupada como para orar, solo está demasiado ocupada.

La Insensatez

Siempre que nos consuman las cosas insensatas y triviales, de seguro que no oramos. Dejar de orar es un acto de insensatez porque luego nuestro interés hacia lo frívolo se arraiga y perdemos la capacidad de reconocer la importancia de las cosas espirituales. Cuando perdemos de vista la oración perdemos nuestra relación con Dios. Cuando somos insensatas gastamos nuestro tiempo, que es muy limitado y nuestras energías en las cosas inferiores. No buscamos primeramente el reino de Dios  y su justicia para que todas las cosas que necesitamos en la vida puedan ser añadidas como dice Mateo 6:33.

Cuando oramos Dios nos da sabiduría. Él nos ayuda a dirigir nuestra energía, nuestros esfuerzos y nuestro tiempo hacia lo que importa de verdad en el gran cuadro de la vida de manera que podemos vivir la vida como Dios quiere que la vivamos.

Querida hermana, compromete tu vida con lo que importa de verdad y ORA. Concentra tu vida en lo eterno, no en lo terrenal. Eso es lo que hace la mujer sabia y lo hace a través de la oración.

Cantemos: Fija tus Ojos en Cristo

Oración Final- Grupos de Oración

(Ideas tomadas del libro Un Llamado a la Mujer para la Oración de Elizabeth George)