“Para que por fe Cristo habite en sus corazones… Efesios 3:17
¿Recuerdas haberle dicho a alguien que te visitó: “quiero que te sientas como en tu propia casa”? Cuando estamos de visita y nos sentimos como en nuestra propia casa, nos sentimos relajados, nos quitamos los zapatos y nos ponemos cómodos, y hasta somos capaces de tomar el control del TV y buscar algo para ver.
Me pregunto qué podría significar el que Jesús venga a nuestro hogar y se sienta cómodo en él. Para que eso ocurra tal vez tendríamos que deshacernos de algunas cosas en nuestro hogar que a Jesús seguramente no le agradarían. De pronto tendremos que hablar con los miembros de la familia para avisarles de la visita y pedirle que mientras Jesús esté con nosotros debemos evitar toda pelea, discusión o situaciones desagradables.
En la epístola a los Efesios, el apóstol Pablo exhorta a los hermanos que primeramente permitan que Cristo habite en sus corazones. La palabra “habitar” que se usas aquí no tiene el significado de un lugar donde se va de paso, sino un lugar donde la persona se establece, hace su morada. A eso nos llama el Señor porque quiere permanecer en nuestro corazón. Su visita a nuestra vida no es pasajera, no es como muchas veces decimos en forma coloquial, “vino la entrada por la salida”. Cuando la experiencia de tener a Jesús en nuestra vida ocurre, todo cambia y entonces podemos entender como sigue diciendo el apóstol (ver. 18-19) la grandeza del amor y sacrificio que de otra forma nunca podríamos comprender. Hoy necesitamos que Jesús no sea un huésped en nuestro hogar, sino que viva en nosotros y con nosotros permanentemente.
Señor: Queremos que mores en nuestra vida y nuestro hogar, para que con tu presencia podamos ser llenos de la plenitud de Dios. Amén.






















