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Los Afanes

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Vivimos en un mundo en constante movimiento. Ocurren a diario tantos cambios a nuestro alrededor que en ocasiones ni cuenta nos damos de ellos. Nuestros hijos crecen y lo notamos cuando vemos el largo del pantalón o del vestido de la niña que recién le compramos. Nuestros intereses y motivaciones cambian, y nuestra actitud ante los desafíos de la vida también cambian. De vez encuando, nos enfrentamos a situaciones problemáticas, desilusiones o frustraciones. Sufrimos pérdidas personales que trastornan y cambian todo nuestro ser, pero en circunstancias como esas el vérsiculo de Filipenses 4:6 nos resulta de consuelo:

“No se preocupen por nada; en cambio,  oren por todo.

Díganle a Dios lo que necesitan y denle gracias por todo lo que él ha hecho” (NTV).

Siempre podemos acudir a Dios y no tenemos necesidad de esperar hasta que la ansiedad y la preocupación nos mueva a buscarlo. Entregarle a Dios todas esas cosas que nos afligen es la mejor decisión sabiendo que a su debido tiempo Él nos ayudará y nos dará la paz que necesitamos.

Sin embargo, en ocasiones estamos tan encerradas en nuestras preocupaciones y afanes que nos olvidamos de entregar todas esas ansiedades al Señor. Si sientes que el mundo se te viene abajo y que no puedes luchar con todo lo que está delante de tus ojos, es el momento de mirar hacia arriba y pedir la ayuda que sólo Dios puede brindarte. No importa si estás sola, o si te encuentras rodeada de muchas personas, es en Dios donde se encuentra el equilibrio, la paz y la solución a todos los afanes, preocupaciones y desafíos de esta tierra. Gene Muller escribió: “El comienzo de la ansiedad es el final de la fe, y el comienzo de la fe verdadera es el final de la ansiedad”. El mismo Dios que creó el universo estará cerca de ti para ayudarte en todo. Confía en Él.