Lideres Y Maestros

Los Niños y los Sermones

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Una mamá le preguntó a su niño de seis años: ¿me puedes decir de qué se trató el sermón de hoy? El niño contestó: “Bueno, que cuando comenzamos a pecar terminamos metidos en un gran hoyo”. La madre sonrió porque el tema del sermón era “Cuando el pecado hace un hoyo en tu vida”.

¿Qué aprenden los niños de los sermones? Los niños son pensadores concretos que se sientan en el culto de adoración a escuchar palabras figurativas y frases que no entienden. Ante esta situación fruncen el ceño y hacen caras porque simplemente no entienden nada de lo que se está diciendo. Entonces, ¿por qué deben los pastores preocuparse por los niños que están sentados en la iglesia participando del servicio de adoración? Porque tanto el pastor como la congregación tienen grandes oportunidades para colocar un fundamento en los niños que los encamine en el verdadero crecimiento en la vida cristiana haciéndolos sentirse parte de la comunidad de fe que es la iglesia. Sin embargo, incluir a los niños en la adoración es vital para que ellos aprendan las disciplinas de la vida cristiana.

Si esperamos hasta que los niños entiendan todo lo que decimos y hacemos en el culto, estaremos perdiendo mucha oportunidades de crear en ellos experiencias de calidad que los puedan ayudar a desarrollar hábitos que son necesarios cuando la iglesia se reúne para la adoración. De paso, el hecho de que los niños no comprendan en su totalidad los sermones o los elementos de la adoración, genera una maravillosa oportunidad para adaptar varios aspectos del sermón al nivel de los niños.

Conectarse con la audiencia infantil y presentar sermones que sean de fácil comprensión para los niños no necesariamente requiere que el predicador se vista de payaso o que tenga que realizar actos de magia. Con solamente algunos ajustes en el sermón, el predicador, podrá llegar con su mensaje a las mentes infantiles y alimentarlas con la Palabra de Dios.

Analicemos algunas estrategias que pueden hacer la conexión entre el predicador y los niños.

1. Incluya a los niños en la adoración – Invítelos a participar en el culto. Hábleles directamente mencionando sus nombres. Menciónelos en el momento de la oración.

2. Adorne el sermón con ilustraciones sencillas que los niños puedan entender – Las analogías o figuras abstractas muy pocas o ningunas veces son atractivas para los niños porque no las entienden. Por el contrario las historias de la vida real les resultan ejemplos tangibles con resultados muy eficaces. Practique presentar las historias bíblicas en forma narrativa para captar mejor la atención de los niños.

3. Elabore hojas de trabajo para los niños basadas en el sermón – Distribuya las horas para que los niños hagan un dibujo relacionado con el sermón. Coloque una caja donde los niños puedan depositar sus dibujos y de vez encunado comento con la congregación algunos de los dibujos.

4. Conecte algunos puntos del sermón con las lecciones de escuela sabática – Si echa una ojeada a la lección que los niños están estudiando en las divisiones infantiles seguramente podrá de vez en cuando hacer mención de algún punto del sermón relacionándolo con las lecciones.

5. Vigile sus expresiones faciales y su tono de voz – Un niño le preguntó a su mamá al salir de la iglesia un día, ¿por qué el pastor siempre está tan enojado? Recuerde que los miembros más pequeños de su congregación están observando las expresiones de su rostro.

6. Enfóquese en el tema y termine a tiempo – Con frecuencia los programas de la iglesia se recargan y la presentación del sermón se retrasa. El predicador debe considerar que hay familias con niños pequeños que pueden sentirse frustradas ante esta situación y que pueden llegar hasta el desánimo a tal punto de no querer volver a la iglesia.

Evite a toda costa introducir en el sermón elementos que no se relacionen con el tema central de su predicación. Esto confunde a grandes y chicos.

7. Sea cauteloso al usar historias con mensajes o contenido sensitivo – Muchos niños podrían sentirse afectados emocionalmente y confundidos al escuchar historias muy dramáticas o sensacionalistas.

8. Aproveche los bautismos y la Santa Cena para motivar a los niños en su crecimiento espiritual – Permita que los niño que no son bautizados pasen al frente para un acto de aceptación de Jesús como su Salvador personal y anímelos a prepararse para el bautismo. Con frecuencia en los llamados al bautismo se ora por los adultos, pero no por los niños que respondieron positivamente.

Cuando celebre la Santa Cena asigne bancas especiales para las familias con niños bautizados de manera que pueda participar juntos del rito. Otra idea podría ser pedirles a todos los niños bautizados que ocupen los asientos delanteros y el pastor les sirve los emblemas. Esta última medida requiere de asistencia para evitar que los niños se tornen irreverentes al estar todos juntos.

9. Hable con los niños – Salude a los niños y pregúnteles si les agradó el sermón. Entreviste a los niños más grandes y pregúnteles de qué les gustaría que usted predique.

Un ministro de éxito debe hacer todo esfuerzo posible para ampliar y enriquecer la experiencia cristiana de todos los miembros de la congregación incluyendo a los niños. Al interesarse por atender y satisfacer las necesidades de los niños está enviando un mensaje positivo a los padres, pues quien valor a los niños, valora también a las familias.

Alimente su congregación infantil pues esa ya no es más la iglesia del futuro; sino la iglesia del presente.

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