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El Ejercicio Físico

Todas hemos escuchado en reiteradas ocasiones lo importante que es para la salud el ejercicio físico. Sabemos que los beneficiosos de dedicar un tiempo diariamente para ejercitarnos se traducirá en una mejor salud, sin embargo, tenemos una y mil excusas para no hacer ejercicio.

Personalmente reconozco que en el pasado rehuía hablar sobre el asunto porque no estaba entre mis prioridades salir a caminar o dedicar unos minutos de mi día a este particular. También tengo que reconocer que Dios pone en nuestro camino personas que de alguna forma nos motivan y son usadas para ayudarnos y eso sucedió conmigo. Una de mis compañeras de trabajo me invitó a caminar por las mañanas con ella. Por supuesto que me negué a aceptar su invitación, pero esa amiga, no estaba dispuesta a aceptar mi respuesta negativa. Ambas teníamos un sobrepeso considerable y era necesario que lo más pronto posible pusiéramos manos a la obra para resolver esa situación antes de que nuestra salud se viera más afectada.

Con muy poco entusiasmo acepté el reto que mi amiga me planteaba y comenzamos a caminar todas las mañanas a las 5:30 lo cual para mí era desastroso pues no soy una persona a la que le gusta levantarse tan temprano. Pero mi amiga, estaba decidida y aunque estuviera lloviendo, con frío o nublado, todas las mañanas tocaba a mi puerta y allí se quedaba hasta que yo saliera a caminar con ella. Hoy doy gracias a Dios por esa mujer de constancia y determinación que Dios puso en mi camino. Ella me inspiró y me ayudó a vencer la indiferencia que yo tenía hacia el cuidado de mi salud. Posteriormente mi esposo se incorporó a nuestras caminatas y debo confesar que resultaron ser los mejores momentos como pareja ya que disfrutábamos juntos conversando e intercambiando ideas. No puedo dejar de mencionar que el perder cerca de 50 libras como resultado de esas caminatas fue una bendición que todavía hoy celebro.

A continuación, quiero compartirles algunas ideas que pueden implementar para iniciar un programa personal y así incrementar su actividad física. Sí, ya las escucho decirme que usted trabaja todo el día y que está más que activa en casa o en el trabajo, pero esa no es la actividad física que usted necesita; es algo más que eso, así que manos a la obra:

  1. Elija una actividad física que le guste – Puede ser que nunca ha pensado en cuál es la actividad que le gustaría realizar, por lo tanto, me atrevo recomendarle que comience caminando. Esto lo puede hacer en el patio de su casa, en el vecindario donde vive, en el estacionamiento de algún comercio, o en un parque cercano. La caminata no tiene que ser agotadora, simplemente disfrute el paisaje y si puede invitar a alguien que camine con usted sería genial, pero si no tiene una persona cercana, saque el perrito y llévelo a caminar con usted. Ambos se beneficiarán.
  2. Si tiene un bebé, le recomiendo que salga con el coche a caminar y ambos se disfrutarán de ese contacto con la naturaleza.
  3. Aproveche hacer ejercicio mientras realiza los trabajos de la casa, especialmente si le gusta la jardinería pues ahí puede disfrutar del aire fresco y el sol. El trabajo en el jardín le provee una linda oportunidad para estar en contacto con el Creador mientras cuida las plantas y se ejercita.
  4. Si trabaja fuera del hogar, use su tiempo de descanso para dar una corta caminata por el estacionamiento, o lugar donde trabaja.
  5. Si te gusta montar bicicleta, vete a dar un paseo por el vecindario en ella.
  6. La natación es un ejercicio muy completo, siempre que pueda practíquelo.

Lo más importante de todo es que cualquiera sea la actividad física que escoja debe disfrutarla y sentirse agradecida con Dios por esos momentos dedicados a una mejor salud.

Para finalizar quiero que meditemos en esta declaración que se encuentra en el libro Hijas de Dios.

“Las damas descuidan el ejercicio de sus piernas al no caminar. El transporte nunca puede tomar el lugar de una caminata. Muchas que se sienten débiles podrían caminar si quisieran, pero no tiene la disposición para hacerlo. Las escucharéis diciendo: “¡Oh, no puedo caminar, me fatigo enseguida, me duele el costado, me duele la espalda!”. Queridas hermanas, me gustaría que no tuvierais esas enfermedades, pero el abandonar una vida activa no os librará de ellas. Intentad comenzar con un ejercicio moderado y poned las normas que lo controlen, pero ¡caminad” sí, ¡caminad! Aquellas que piensan que no pueden hacerlo, comiencen con una corta distancia. Se cansarán; sentirán dolores en la espalda y el costado, pero no se asusten. Las extremidades parecerán débiles, y no es de extrañarles pues que casi nunca se han usado” … Pág. 181

Les deseo éxito en este particular y recuerden que con oración y la ayuda de Dios podremos alcanzar esa salud que tanto necesitamos.