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Bodas de Oro

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Hoy 21 de mayo estamos muy felices porque celebramos nuestras bodas de oro. Hemos caminado juntos por estos ciencuenta año y en todo momento hemos visto la mano de Dios dirigiendo nuestras vidas y usandonos en su servicio.

Han sido años de grandes satisfacciones, de múltiples desafíos personales, como pareja y como familia. Dedicamos nuestras vidas y talentos al servicio del Señor y hoy al disfrutar de los años de la jubilación sentimos que fue un gran privilegio trabajar para ayudar en la proclamación del evangelio de salvación. Tenemos en nuestro registro muchas experiencias maravillosas de almas entregadas al Señor, de iglesias edificadas donde se predica la Palabra, de alumnos en cuyas vidas pudimos dejar una huella y contribuir con su educación académica, de familias pastorales con las que compartimos momentos muy especiales y de cientos de maestros y niños de las divisiones infantiles que llenaron nuestra vida de sentido y dedicación.

Enumerar todas las vivencias que durante estos años hemos experimentado nos tomaría mucho tiempo y quizás no lograríamos con justicia dar el crédito a tantas personas que nos apoyaron y ayudaron en nuestro caminar como obreros activos. Sin embargo, una cosa es cierta, la eternidad revelará los resultados de todo el trabajo realizado por amor al Señor. Seguramente hay mucho que todavía debe hacerse aunque con honestidad creo que falta muy poco para que el Señor vuelva por nosotros, hayamos terminado la obra o no. Pero con la certeza de Su cercanía quiero aprovechar para agradecer a mi Señor:

    • Por estos cincuenta años al lado del regalo de amor que el cielo me ha dado; mi esposo. Su amor, dedicación y cuidados para conmigo son una manifiestación del amor de Jesús en su corazón. Ese hombre es y será “Mi Proyecto de Amor”.
    • Por los tres hijos que son el fruto de nuestro amor y la alegría del corazón. Agradezco al Señor porque son hombres que aman a Jesús y que han dedicado sus vidas a cuidar y proteger a sus familias. Porque llevaron juntos con nosotros la pesada carga que el ministerio coloca sobre los hijos de pastores sin dejar que la amargura y el resentimiento entrara en sus corazones. En su lugar aman la iglesia y le sirven con sus dones.
    • Por mis nietos que como dice la Biblia son “corona de nuestra vejez”. Porque aman a Jesús y mientras van creciendo y enfrentando los desafíos de sus edades esperan con ansiedad ver el rostro de Jesús para estar con él.
    • Por sus cuidados amorosos para con nosotros proveyendo siempre lo que hemos necesitado y mucho más para compartir con otros.
    • Por preservarnos la salud cuando la enfermedad amenazó nuestras vidas y por estar a nuestro lado para sostenernos siempre.
    • Por el amor y cariño de tantos miembros de iglesia que nutren nuestro ministerio y que nos confirman que todavía podemos ser de ayuda para aquellos que nos necesitan.

La lista de agradecimientos podría ser mucho más larga porque  día a día vemos la mano de Dios al timón de nuestras vidas. Ahora aguardamos el cumplimiento de las promesas que nos ha hecho el Señor de venir a buscar su pueblo para llevarnos a la Patria Celestial. Allí celebraremos con los redimidos de todas las edades.