Entre Abuelitas

Ser Abuela

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Una de las grandes alegrías que la vida nos da es la de convertirnos en abuelas. Para algunas mujeres el simple hecho de que le digan “abuela” les aterra y prefieren que sus nietos las llamen “mamita”, porque tal vez asocian la palabra abuela con vejez. En lo personal mis oídos escuchan una dulce melodía cuando oígo que mis nietos me hablan y me dicen: “Hola abuela”; “Te quiero mucho abuelita”.

Hace un par de años mi nieta mayor, Ivonne Andrea, me regaló un librito pequeñito (en tamaño) titulado Las Abuelas. Esa pequeña joya de la literatura contiene excelentes pensamientos escritos por diferentes personas en diferentes épocas, pero todas con una misma intención; mostrar que las abuelas ocupamos un lugar insustituible en la vida de nuestros nietos. He escuchado algunas personas decir que a los nietos se les quiere más que a los hijos. No pretendo rebatir esa forma de pensar, porque personalmente creo que son dos amores diferentes. A los hijos se les quiere por ser el fruto del amor conyugal, la manifestación tangible de una entrega total entre los esposos y una demostración hecha carne del amor de Dios, pero el amor a los nietos es otra cosa. Es una dimensión que nos ayuda a evocar los años cuando nuestros hijos eran pequeñitos. En ellos volvemos a ver nuestra maternidad activada, volvemos a recordar aquellos años cuando la atención a nuestros hijos lo era todo para nosotras y con profunda tristeza vienen a nuestra memoria aquellas ocasiones en las cuales no fuimos lo suficientemente pacientes con los chiquitos y los castigamos sin querer. En los nietos vemos la infancia de nuestros hijos repetirse, escuchamos su llanto, sus risas y quejas que traen a nuestra memoria aquellos días de la crianza en la que muchas veces dijimos: “¡ Cómo deseo que estos niños crezcan rápido!”.

Ahora que somos abuelas podemos atender con más ecuanimidad las demandas de nuestros nietos de lo que lo hicimos con nuestros propios hijos. A ellos les tenemos más paciencia, a ellos les dedicamos todo el tiempo que sea necesario porque a final de cuentas ya la vida nos ha exigido tanto y hemos pasado por tantas cosas que el tiempo para nosotras se mide de otra forma. Por eso nuestros nietos, pueden disfrutar de algunas de las atenciones que sus padres no tuvieron cuando eran pequeños.

Lo que más me gusta de todo esto de ser abuela es que cuando al final del día después de haber estado un tiempo con mis nietos, cuando ya mis energías y mis fuerzas se van disminuyendo puedo tomar el teléfono, llamar a mis hijos y decirles: “vengan a buscar los niños para llevarlos a su casa”; y todo eso se debe a que en resumidas cuentas “simplemente soy la abuela y eso es suficiente”.